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Las edades de Witold

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"Carácter obsceno de obras literarias y artísticas". Prestemos atención al adjetivo y sigamos cotejando el diccionario. "Obra literaria y artística de este carácter." Consideremos ahora a qué aplica la Real Academia el adjetivo que hemos resaltado. Y finalmente transijamos: "Tratado acerca de la prostitución." Así pues, y si quisiéramos contemporizar, aceptaríamos, de momento, las dos primeras acepciones para indagar un poco en la naturaleza escurridiza, controvertida y astuta de la pornografía y, de este modo, tratar de aclarar si Witold Gombrowicz nos plantó ante un tratado libre de prostitución o si, como el propio autor advierte, nos quiso proponer una nueva manera de acercarse al comportamiento humano de la que la obscenidad sería su primer atributo. Pero, ¿a qué o quién endilga Gombrowicz en su novela Pornografía tan contundente calificativo? Para empezar, imaginémonos un país obscenamente ocupado y maltratado como Polonia en uno de los momentos más...

La resistencia silenciosa

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De vez en cuando, y siempre que uno se lo propone, la cultura no oficial, que no es la que nos abastece cada día con el manido género de la demagogia de candil, las ínfulas de diversión y los afanes inverosímiles de parecer simpático o antipático según el blocao donde uno sestee, nos proporciona ocasiones para dejar de observar la pelusilla que va retoñando en nuestros ombligos y avistar con cierta perspectiva el pasado, que es el limbo consecuente del que todos procedemos. En estos días de un verano de crisis, época, pues, preferente para que salga a la luz la conciencia demoníaca de cada uno, quizás el placer todavía solitario de la lectura despunte entre los propósitos austeros del mes de agosto. Y si la fortuna se toma la excepcionalidad de no ser cicatera en las jornadas deficitarias que vamos atravesando, tal vez ocurra que entre las lecturas del dispuesto veraneante figure La resistencia silenciosa del profesor Jordi Gracia. De ser así, habría sobradas razones para una celebrac...

1976

¿De dónde coño ha salido tanta gente? Allò d'allà, no són els grisos? Ya tienen permiso de las autoridades? Doncs no ¿De dónde vienen? Identifíquense, Venim d'un llarg silenci, ¿Qué se proponen invadiendo la vía pública? Documentación, cojones, documentación, Hem de sortir al carrer i començar a pixar-nos a les voreres d'aquests repressors, hem de trencar el silenci amb un clam, ja saps, Te voy a contar el cuento de los senos infelices, a que no lo conoces? Si tu l'estires fort per aquí i jo l'estiro fort per allà, Dios, que haya tenido que esperar tanto para ver tanto paisano reunido, y aquí el roce de un brazo, y allá el de una mano, Segur que tomba, tomba, tomba, Pues verá, ¿no tendría algún remedio infalible para la seborrea pertinaz y la pertinaz halitosis? Veus aquells d'allà que ens fiten de lluny estant? No ens estimen, Manelet, entre ells i nosaltres només resta aquesta frontera, Pues érase una vez dos senos que nacieron en un tiempo oscuro y tan frío q...

1936

En la cómoda, acá, acá, hay más agujitas, escoja usted, las hay plateadas, cortadas en bisel, cosa fina, me las trae Fuencisla directamente del moro, es de calidad, No me cabe duda, baronesa, del moro nos llega lo mejor de esta triste tierra, Estos tres los despachas por la tarde, allí en la Bonanova, a los señoritos les gusta pasar las noches del sábado con buen género, estarán caninos, y con este calor, se van a poner justos con nosotros, Los patrones son criminales, Pero deja esa monserga en la puerta, No les gusta que el perro ladre tanto, y que te den lo que les exijas, que esto vale un Potosí, ¿Y los Guardias de Asalto?, No creo que te den el alto, los señoritos saben cuidarse, no quieren saber nada del Socorro Rojo, así que tranquilo, te adecentas, te vistes bien y te presentas allí, no creo que por aquellos barrios anden los pelotones, En Jofre em diu que no cal reprimir cap altra insubmissió que no sigui la conspirativa, Oi que m'ho deixaràs curtet, Carmeta, I que ja va se...

El talón de Aquiles (y 3)

La cabeza de Laura pierde por momentos gravedad y acaba claudicando. No le cuesta nada darse por vencida y retirarse deponiendo las armas mientras se descubre y abandona el campo con el casco bajo el brazo. Todo lo que la protege está cubierto de una capa de polvo que la hace más pesada, más triste y más noble. Polvo el casco, polvo la coraza y el arnés. -He decidido abandonar "El Deportivo", estoy cansada... Oyéndola uno se apercibía fácilmente de que a ella no se iba por un llano que pudiera despertar la confianza del viajero al emprender su camino. No habría ningún vericueto ineperado en sus dominios, ni colinas costosas; pero todo sería secretamente imponente. No había en sus expresiones subordinaciones introvertidas, sino una larga espiral que se desplegaba por obra de un extraño resorte, como la de un lepidóptero cazador. A veces daba miedo amarla así, tan desnuda, y asomarse a ella y verse uno igualmente tan entero y macizo causaban inquietud incluso al más pintado, cu...

El talón de Aquiles (2)

El vientre de Laura era una tormenta rubia y encogida que no encontraba lugar donde tenderse. Era un reconocimiento íntimo de impiedad y desasosiego que resistía al borde de un desaguadero. El vientre sitiado de Laura no podía esconderse por más tiempo y, de las cumbres de sus pechos, millones de invisibles vigías aguardaban el momento de la expiación. A veces se erizaban de frío y otras se abarquillaban para defenderse de la canícula; jamás desertaban, y en los instantes de mayor audacia osaban aventurarse hasta el valle inclemente del miedo. Laura se levantó. Embistió. - ¿Cree que esta nueva derrota no es un signo evidente de un error de estrategia? - No, no lo creo. - ¿Y no considera que La Unión va a perder de forma totalmente imprudente las oportunidades para ganar el Campeonato de Liga antes de la última jornada? Aga Ruiz se sentía aturdido y se lo hizo saber al jefe de prensa con una mirada implacable, desbocada, como impulsada por una furia antigua. - Ya. Pero dígame, míster , ...

El talón de Aquiles (1)

Laura era piernas desnudas y sandalias sin tacón. Vientre prometedor. Hasta su cabeza. Siempre acababa saludándola así, en silencio, con una mirada exploradora desde la puerta de la cafetería del Nuevo Coliseo. El primer día de su encuentro tuvo un pálpito feliz: se habían cumplido las tres consignas mundanas que le invitaban a acercarse a aquella muchacha que fruncía sus labios y su frente, dominados por alguna súbita inquietud que lograba aliviar con un sorbo a su pinta de cerveza y una mirada distraída al bastión del estadio, más allá de su refugio. Siempre estaba trabajando en algo y Abel había decidido mantenerse al margen y respetar con su ocio la jornada interminable de los otros. La primera sesión de trabajo no había sido tan inclemente como su insomnio le aseguraba. Después de todo, sus manos de virtuoso tan sólo tenían que recorrer a diario la pierna izquierda de Pablo Peláez, El Bucanero, más allá de la cual se perdía el mundo en un horizonte borrascoso, una cumbre ardua que...